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Delegación Chascomús (Bs.
As.) |
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10 Años de impunidad - Marcha por Verdad y
Justicia para Emilio Chascomús, Septiembre de 2007
Hace ya once años, en 1996, segunda presidencia de Menem, las tendencias nos indicaban que algo como lo de José Luis Cabezas podía pasar en cualquier parte, en cualquier momento. Que si nada hacíamos, podía pasarnos en Chascomús. Fue lo que nos impulsó a fundar una entidad local de derechos humanos. Pocos meses después ocurría el asesinato de Cabezas. Al año y un mes sucedían el crimen de Emilio Blanco y la oscura muerte de Marcos Gonzalía. El caso María Soledad nos indicó que alcanzar verdad y justicia en un crimen que implicara al poder político y sus mafias, podía demandar años de lucha, la decisión inquebrantable de una familia y de la propia comunidad afectada, la necesidad de aparición de liderazgos como el de la Hermana Martha Pelloni. El Padre Kippes lo dijo alguna vez: Aunque pasen 7 años, 8, 9, 10 años, seguiremos buscando, reclamando verdad y justicia. Pudo parecernos una exageración. Pero el encubrimiento, la impunidad y la ineficiencia judicial alrededor del asesinato de Emilio Blanco aún nos hieren cada día, nos golpean mes tras mes, año tras año. Cuántos intereses, complicidades y culpas manejaría la orden de su muerte, que provocaron tanto silencio y tanta connivencia, necesitaron tanta ineficacia y mora en el servicio de justicia. Pero por contraste, el cuerpo culpable queda en evidencia. El trabajo de la complicidad desnuda sus relaciones y juegos. Vimos a De Tomas, rodeado de circunspectos funcionarios, explicar cómo Emilio había sido atropellado y lanzado junto a las vías por una formación ferroviaria. En realidad había sido atropellado por la máquina de la corrupción institucional; de la complicidad política, policial y judicial que maneja grandes negocios delictivos, como el de la droga, la prostitución o los desarmaderos de vehículos robados. El triángulo que denunció Arslanian en su regreso al Ministerio, hasta que lo hicieron callarse la boca. La misma máquina que durante estos 10 años ha seguido atropellando nuestro derecho a saber lo que pasó, a llegar al juicio y el castigo de todos los responsables del asesinato y su encubrimiento. A muchos chascomunenses nos avergüenza que funcionarios que fueron activos partícipes en las maniobras del encubrimiento y trabajaron para hacernos creer en la versión del accidente ferroviario, hoy aparezcan como candidatos a importantes cargos. Todos los habitantes de Chascomús debiéramos repudiar ese descaro y tanta confianza en nuestra desmemoria. Parece difícil que desde el Departamento Judicial de Dolores lleguen satisfacciones a nuestro reclamo. Su accionar parece dedicado a esperar que pase el tiempo, a que las pruebas se diluyan, que los plazos caduquen. Vergonzoso papel. Condenarnos a volver a la actitud pasiva que el poder nos reserva a las comunidades, a los pueblos, a las víctimas. Hace 10 años decíamos que el crimen de Emilio era un desafío esencial a nuestra condición comunitaria. Hoy está más que claro que así es. Si hubiera sido por la voluntad de aquella mesa oficial, la impunidad quedaba sellada. Fueron la familia de Emilio, la comunidad educativa del Instituto Corazón de María, el pueblo de Chascomús, quienes rechazaron de plano el intento de engaño, de apagar su decisión. Y las tendencias que podemos observar al cabo de 10 años, nos marcan que esta es la alternativa que no debe cejar en su propósito. Contra el poder mafioso, verdad y justicia desde el compromiso de cada uno; virtudes y logros sin los que ninguna sociedad auténtica se forja o sobrevive. Así lo marcan las dos marchas programadas para el jueves 27 y el viernes 28. Una a Dolores, a urgir al servicio de justicia. La otra en Chascomús, entre nosotros, junto a Mónica y Elías, a reafirmar nuestra convicción en la continuidad del propósito y el esfuerzo.
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