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Comisión de Delegaciones |
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Informe de
actividades realizadas en la ciudad de Reconquista, Santa Fe.
Compañeros: Quería contarles que los días viernes 16 y sábado 17 de mayo fui
invitada – en mi doble carácter de investigadora del Instituto Germani y de
miembro directivo de la APDH- por un Grupo de Profesores de Historia del
Instituto del Profesorado de la ciudad de Reconquista, para realizar dos
actividades específicas: (1) La apertura de una Cátedra Libre de Derechos
Humanos, el viernes 17 y (2) Contarles mi investigación sobre “El genocidio
en la Argentina” sobre la que estoy finalizando un libro, el sábado 18. La
primera actividad era abierta, destinada a los alumnos del profesorado, a
los profesores y al público en general. La segunda estaba destinada a los
profesores e investigadores del Instituto. Este acaba de cambiar
positivamente de directora, que es una persona abierta y activa.
Reconquista es una de las varias ciudades “ricas” de la provincia del norte
de Santa Fe, ubicada frente a Goya (Corrientes), en la cuña boscosa del
Chaco santafesino, en la zona que en el pasado fue del dominio de La
Forestal. Tiene actualmente unos 80.000 habitantes. Acaba de ganar la
intendencia un intendente radical, que se impuso por puntos al FPV. El clima
“social e ideológico” de la ciudad es como la mayoría de los pueblos del
interior bastante cerrado, en estos momentos totalmente favorable al
“campo”, muy subordinado a la Iglesia Católica, que es dueña del Canal local
y de la radio. Como hago siempre que viajo a algún lugar, llevo mi radio,
que me da enseguida un panorama de los temas que “circulan”. Lamentable, por
lo reaccionarios y conservadores. Para mejor, oh casualidad, acaban de
desconectar la repetidora de Radio Nacional. Por la mañana me invitaron a
una audición en la TV, donde más allá de la buena predisposición de la
conductora, el productor del programa me filtraba los mensajes telefónicos
(cosa que me contó el telefonista) preguntando cosas sobre la “memoria
completa”, o el conflicto del “campo”. Creo que salí airosa.
El grupo de profesores que me invitó es un grupo de lujo, que se han ido
juntando a partir de ideales comunes, progresistas, desarrollan numerosas
actividades y propusieron abrir la cátedra de Derechos Humanos. Fue un éxito
absolutamente inesperado. Habían previsto un salón amplio en un club, pero
el día anterior tuvieron más de 500 inscriptos, por lo que finalmente tuve
que hablar en el Teatro Almirante Brown, que estaba abarrotado de jóvenes,
sentados en el suelo y pasillos. También yo –que esperaba un público más
académico- cambié sobre la marcha algo de mi exposición, y hacia el final,
les presenté algunos cuadros de mi investigación. Centré la conferencia en
la historia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, analicé
varios artículos, les conté sobre Nüremberg y también sobre el Tribunal
Russell, durante la guerra de Vietnam. Y convoqué a los jóvenes –cosa que
hago siempre que voy al interior- a transformarse ellos mismos en
investigadores de lo que había ocurrido en su ciudad en tiempos de la
dictadura, que le preguntaran a sus padres y abuelos y a los vecinos
mayores, y que hicieran un breve cuestionario que los profesores les
ayudarían a diseñar. Les hice ver que mi investigación sobre el tema se
había hecho en buena parte con los relatos y los datos que me llegaron de
distintos lugares del país, y no sólo de los datos oficiales. Mi conclusión
es que, a pesar de que el “sentido común dominante” es conservador y
prejuicioso, hay avidez en los jóvenes por escuchar otras voces, por abrir
sus cabezas. Todavía no hay droga ni alcohol, pero si siguen muertos de
aburrimiento, va a empezar a haberlos. Todas las actividades siguieron en
esa tónica. Se me acercaron militantes de los años 70, emocionados porque
“podían hablar”, varios de ellos con lágrimas en los ojos. Le sugerí al
grupo que se propongan organizarse como ONG, pedir un subsidio y solicitar
una FM, porque tienen muchos jóvenes que podrían ocuparse de sostenerla:
sería un foco irradiante en ese lugar. Creo que todavía no tienen fuerza
como para organizar una Junta Promotora de la APDH, pero tenemos allí un
grupo amigo.
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