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Desocupación en la Argentina
Informe de la APDH ante Naciones Unidas
(Inglés)
La Comisión de Salud Mental de la APDH ha elegido centrar su esfuerzo en la
problemática de la de la desocupación por considerar el derecho al trabajo
como el más vulnerado en nuestro país en la última década.
Las cifras sobre desocupación dadas por el gobierno son inexactas. Es
evidente que nos muestra un desempleo inferior al real si tenemos en cuenta
que en ellas no se incluyen los "desalentados", quienes ya no buscan trabajo
desde hace más de un mes, quienes trabajan una hora a la semana y los
trabajadores rurales.
En un país donde la brecha social ha aumentado paralelamente a la
desocupación (ver cuadro adjunto) y en el que el desempleo es seis veces
mayor entre los pobres que entre los ricos, el no tener trabajo involucra un
grave riego, el de iniciar un lento camino hacia la exclusión. El que cae,
difícilmente vuelve.
Ya en 1986, la OMS señalaba al desempleo como una de las principales
"catástrofes epidemiológicas" de la sociedad contemporánea. Pero señalamos
que es una violencia planificada que se ejerce sobre la sociedad.
Violencia Social
En la Argentina, con una tradición de derechos sociales vinculados casi
exclusivamente a la condición de ocupado, en la que el seguro de desempleo
es de escasa cobertura y significación económica, se conforma un escenario
completamente distinto al de Europa. En lugar de la centralidad de los
derechos y las políticas públicas, aparece el mercado como único escenario
posible donde intentar sobrellevar la situación. Esto favorece un proceso de
disciplinamiento social claramente percibido por los desempleados
enfrentados a la búsqueda de trabajo. La desocupación pasa a ser utilizada
como método de control social.
Este contexto se agrava con la paralela vulneración de los derechos a la
seguridad social de los jubilados, que también han sido en la última década
variable de ajuste de la economía estatal. y sobre quienes recae el
alimentar además a sus hijos desocupados con sus escasos ingresos.
Este nuevo modelo socioeconómico, que requiere la máxima seguridad para el
capital financiero y el capital físico; degrada el capital humano
sometiéndolo a condiciones de vida no dignas.
Restringido en su poder individual, el desocupado se ve obligado a aceptar
cualquier tipo de relaciones laborales.
Se degradan las condiciones laborales con la llamada Ley de flexibilización
laboral".
I)
| Población Afectada |
Indice de Pobreza |
Indice de Indigencia |
| MAYO 2000 |
29.7% |
7.5 % |
| MAYO 2001 |
32.7% |
10.3% |
Esta flexibilización incide también en aquellos que tienen trabajo: sabiendo
que la oferta supera ampliamente a la demanda en el mercado laboral, los que
tienen empleo hoy viven en la zozobra de si lo tendrán mañana. Así, también
aceptan la vulneración de sus derechos laborales hasta extremos inhallables
hace décadas. Si a principios del siglo pasado fue una preciada conquista de
clase la jornada de ocho horas, actualmente muchos trabajadores aspiran
conformistamente a la sobreocupación, aún en condiciones nada ventajosas:
multiempleo para alcanzar la misma remuneración que antes percibía por un
solo trabajo, horas extras no retribuidas, etc.
En este marco social, la desocupación se configura como una amenaza
colectiva y estructural que, empero, es vivida como fenómeno individual, lo
que aumenta la vivencia de inermidad y desamparo. La violencia de ser
excluido del mercado de trabajo se potencia como angustia traumática, ya
que, al no ser esta significada en su génesis social, el individuo se
culpabiliza, autorreprocha, se automatgina, se aisla. Y desde lo social se
culpabiliza al desocupado.
Se produce de este modo un fenómeno de victimización secundaria. La
desconfirmación social que sufre la persona, desvinculación de las redes
previas de pertenencia, sobreexige a los vínculos familiares: las familias
no pueden contener la angustia y desvalorización que sufren los desocupados.
Con padres que han perdido o ven afectada seriamente su perspectiva laboral
y abuelos excluidos de la mínima seguridad social, los jóvenes que no
acceden a un primer empleo ven seriamente afectada su posibilidad de
construcción de un proyecto de vida. Pierden la noción de futuro, valoran el
hoy, el presente, favoreciéndose así el escapismo a las drogas y el alcohol.
La violencia que ejerce el modelo de exclusión implota entre los excluidos
mucho más que lo que desde estos impacta en el resto de la sociedad; los
índices de homicidio, que reiteradamente tratan de mostrarse como mayores,
no crecen con el mismo ritmo que los de suicidios . Las cifras de la
desocupación entre los jóvenes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y el
Gran Buenos Aires se incentivan de modo paralelo con la adicciones , así
como las de desocupación entre los 45 y 60 años lo hacen con las de suicidio
y violencia familiar; 3 suicidios cada 1 homicidio. (con un aumento del 30%
del año 1999 al 2000).
- Jóvenes que no estudian ni trabajan : 14/18 años : 45%
- Jóvenes con problemas de adicción en Capital y Gran Buenos Aires: 19/25
años: 38,9 %.
II) Propuestas
En el orden nacional:
a. Seguro de Desempleo que cubra la canasta familiar.
b. Jubilaciones que cubran la canasta familiar. No sujeción de su pago a
ningún tipo de condicionamiento por la acrecencia interna o externa al
Estado.
c. Considerando que las políticas sociales eficaces son las que actúan
anticipadamente sobre las zonas de vulnerabilidad o precariedad para impedir
que la gente caiga "fuera de lo social", centrar el esfuerzo del Estado y
ONGs en los grupos de mayor riesgo, materno infancia, adolescentes y
jóvenes, ancianos.
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