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¿Por qué la APDH?
La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos resulta
de una autoconvocatoria en 1975 de personas provenientes de los más diversos
sectores sociales, políticos, intelectuales, sindicales y religiosos argentinos,
en respuesta a la creciente situación de violencia y de quiebra de la vigencia
de los más elementales derechos humanos que se escalaba en el país. Con otros
organismos de análogo propósito les correspondió la difícil y riesgosa tarea de
defender la vida y el derecho durante los trágicos años de la dictadura militar
(1976-1983). Dentro de esa conjunción de entidades defensoras de los Derechos
Humanos, la A.P.D.H. tuvo ciertas particularidades que le permitieron jugar un
papel propio, por otra parte ampliamente reconocido por la opinión pública en el
país y en el extranjero:
1) Por su constitución multipartidaria y multisectorial
constituyó un espacio de encuentro y colaboración en un momento en que la
actividad política (en el sentido mas amplio) estaba congelada en la Argentina.
2) Por esa misma razón le correspondió lo que podríamos
llamar resistencia "política" a la dictadura: denuncia pública internamente y en
los foros internacionales, iniciativas de orden jurídico, gestiones de diverso
orden para defender a las víctimas del terrorismo de estado y sobre todo, la
función de fiscal social frente al régimen de terror.
3) Finalmente, esa misma amplitud y pluralismo le
concedió una amplia capacidad de convocatoria popular, ya que sectores
religiosos, políticos y sociales diversos encontraron una posibilidad de
participar en demostraciones, publicaciones o actos de resistencia sin
comprometer sus propias convicciones. El hecho de definirse como entidad y
encuadrar su acción estrictamente sobre la base de la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, la propia Constitución del país y la legislación
internacionalmente reconocida, si bien establece los límites de la acción de la
A.P.D.H., a la vez asegura la posibilidad de un amplio espectro de participación
y de un enfoque compartido sobre una problemática muy amplia. No siempre las
entidades de derechos humanos han podido actuar como una unidad. En ocasiones,
las posiciones no han coincidido. Tal cosa no debe entenderse como
necesariamente negativa, ya que la diversidad de composición de las entidades y
cierta diferencia de rol dentro del país permite también una multiplicidad de
enfoques y acciones, asumiendo responsabilidades diferentes. La A.P.D.H. ha
procurado mantenerse como lugar de encuentro, de discusión y de equilibrio.
Incluso dentro del periodo de la dictadura, la actividad
de derechos humanos rebalso los límites m s inmediatos de la defensa contra las
violaciones m s aberrantes, para abrir otros frentes de protección de la vida,
la dignidad humana y la convivencia social, sin la cual los derechos y garantías
individuales carecen de sustento y de posibilidad de efectividad. Así, la
A.P.D.H., introduce el tema en el campo de la educación, de la cultura, de la
salud mental, de los derechos económicos y sociales, de la paz, de la cuestión
carcelaria, mediante una serie de comisiones que realizan a la vez tareas de
estudio e investigación, de publicaciones, de esclarecimiento de la opinión
pública, de educación, a la vez que apoyan o estimulan tareas concretas. Hay no
menos de cien personas calificadas profesionalmente con las mismas
características de pluralismo de la entidad total, trabajando activamente ad
honorem en esas áreas.
Las tareas mencionadas en el párrafo anterior asumen una
enorme importancia a partir de la reanudación de la vida democrática en el país.
La posibilidad de ‚e éxito de la democracia se fundamenta, al menos, en:
a) un proceso de esclarecimiento acerca dei pasado
inmediato que coloque delante de la población la realidad de lo vivido: la
A.P.D.H. colaboró mediante sus miembros, parte de su personal, con la
información reunida durante el proceso militar en esta labor centralizada en la
Comisión Nacional creada por el gobierno, cuyo informe final fue "Nunca Más";
los juicios que se siguieron fueron decisivos en la formación de una opinión
pública cuya solidez se evidenció en el repudio masivo de la población a los
decretos de amnistía;
b) la elaboración de la experiencia colectiva de la
dictadura, que no borra la memoria ni la transforma en un duelo perpetuo y
negativo, sino que la mantiene viva como un motivo de reflexión, como una
permanente convocatoria a la conciencia, la organización y la acción ciudadana
para proyectar un futuro m s democrático y participativo;
c) el mantenimiento de una documentación pormenorizada
que permita estudiar el funcionamiento de la represión, sus características,
procedimientos, efectos inmediatos y mediatos como contribución a una tarea
internacional destinada a prevenir y combatir situaciones semejantes, tanto en
América Latina como en otros lugares. En este sentido, la A.P.D.H. está
completando la ordenación de sus amplios archivos y manteniendo una comunicación
internacional que permita compatibilizar los datos y utilizarlos más
eficazmente;
d) la continuación de los trabajos jurídicos destinados a
perfeccionar las legislaciones nacionales e internacionales que protegen los
derechos humanos en sus diversas formas y caracterizan y sancionan los delitos
que los violan: la A.P.D.H. ha iniciado o colaborado en iniciativas nacionales i
internacionales y su Comisión Jurídica continua permanentemente trabajando en
este sentido;
e) la continua representación ante el gobierno, en sus
diversos niveles (ejecutivo, legislativo, judicial, policial, etc.), tanto para
prevenir y denunciar como para proponer y apoyar iniciativas en relación con la
plena vigencia de los derechos humanos.
Toda esta tarea es realizada en su mayor parte por
voluntarios, tanto en la organización central de la Capital Federal como en las
delegaciones del interior del país. Con todo, se hace indispensable mantener una
mínima infraestructura que abarca la organización y comunicación (recepción de
información, de denuncias, labor secretarial, contacto con los medios), la
mantención de los archivos y el procesamiento de la información en un Centro de
Cómputos; un mínimo cuerpo legal y una muy limitada infraestructura física
(oficinas, maquinaria, etc.). El financiamiento de esta infraestructura resulta
exclusivamente de las donaciones personales de miembros y simpatizantes y de
organismos de solidaridad internacionales. Estamos convencidos, porque la
experiencia nos lo demuestra, que esta tarea debe continuarse e incrementarse,
sobre esta misma base de una infraestructura mínima y amplia labor voluntaria. Y
por eso creemos que la ayuda que se brinda para hacerlo posible se multiplica en
un servicio indispensable para la defensa de la vida, la profundización de una
autentica democracia y la vigencia de los derechos humanos.
Autoridades
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Presidencia
Miembros de la Mesa Directiva
Premios
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