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El papel de los grupos y de las redes sociales en la elaboración del trauma social y de la violencia familiar
por Lic. Elina Aguiar
Hoy trataré de reflexionar con Uds., sobre la tramitación del trauma social.
Para ello tomaré los conceptos de humanización y subjetivación y su contracara
el trauma social con su consecuente desubjetivación.
Sobre la elaboración del trauma abordaré el enfoque transgeneracional con los
grupos de reflexión y las redes.
Hay realidades sociales que son destituyentes de subjetividad y no reveladoras
de una falta previa. Qué pasa cuando no se trata de la falta de una madre
suficientemente buena, sino de un social insuficientemente bueno? (M. Pelento,
2002)
La inestabilidad, el tembladeral producido por el trauma social me hace
preguntar ¿quién soy hoy? ¿Quién seré mañana? ¿En manos de quién estoy?
¿Qué quiere el otro social de mi?
La violencia social es traumática
La violencia es traumática, porque está ligada a la relación con otro (social,
familiar) que violenta el espacio social, mental, corporal e intersubjetivo.
Quizás en la violencia pueda formularse en la siguiente pregunta: ¿qué quiere el
otro (social-familiar) de mí? Si tiene deseos de muerte (real o simbólica) la
constitución subjetiva se ve amenazada (G. García Reinoso, 1994). Lo traumático
está entonces ligado a un vínculo que viola el espacio mental, relacional y
social. Lo traumático es vincular y se transmite en el vínculo a las
generaciones siguientes en la medida que no puede ser ligado ni tener acceso
simbólico.
En 1893 decía Freud con respecto a las experiencias traumáticas: "... lo que es
eficaz para el síntoma es el afecto de terror". Esto es lo que hace de un
acontecimiento un trauma. La primera forma de angustia traumática es asociada a
inermidad. Inermidad que vivenciamos ante los hechos de violencia en la historia
social, familiar, laboral... de cada uno, expuestos indefensos ante el deseo de
muerte de otro. Identidad de uno/ desidentidad del otro. Ser reconocidos o no
como sujetos: en ello está tanto la posibilidad de construir el propio
narcisismo, cuerpo erógeno, soporte indispensable de la estructuración
subjetiva, así como la posibilidad de su abolición como sujeto. (G. García
Reinoso, 1994).
Recurro a la mitología para pensar la violencia desde los ejes diacrónico y
sincrónico:
- Bia: es la personificación de la violencia. Tiene como hermanos: Niké, la
victoria; Zelos, el ardor; y Cratos, el poder. Ayudó a Zeus a encadenar a
Prometeo en el Cáucaso, y Prometeo aún encadenado, gritaba y denunciaba que
"Zeus es áspero y hace ley de su albedrío". Denunciaba al poder totalitario... y
le recordaba a su pueblo cómo habían desnaturalizado, desenmascarado las
situaciones de opresión, cómo antes "viendo veían en vano; oyendo no oían, y
cómo ahora eran fuertes porque podían ver y oir". Eran fuertes también porque no
desmentían los hechos violentos.
Desde el eje diacrónico la violencia se transmite. Conserva su carga mortífera,
y se transmite en la medida en que conserva su carga traumática.
Recordamos a Edipo, acentuando el lugar de los secretos de familia en las
transmisiones psíquicas transgeneracionales patológicas. Secretos que tienen que
ver con la transgresión a la ley, familiar, social.
La tragedia de Edipo en la mitología griega está ligada a una historia de
secreto familiar: podemos pensar que Edipo fue condenado por los dioses a pagar
una culpa cometida por su padre. En efecto: Layo expulsado de Tebas, se refugió
en el palacio de Pélope, se enamoró de su hijo Crísipo - de singular belleza- y
lo raptó. Crísipo se suicidó. Pélope maldijo a Layo deseándole fuera estéril.
Por esterilidad van a Delfos a consultarle al oráculo. Y ante la predicción
deciden no tener hijos. Pero una noche bajo efectos del vino conciben a Edipo...
Así Edipo carga con las culpas de los delitos transgeneracionales de su padre.
Siguiendo a M. Torok y N. Abraham, Crísipo, seducido por Layo, no descansaba en
paz, y el peso de su muerte induce a Layo y Edipo a caer en trampas trágicas del
destino. Como dicen Torok y Abraham (1985) con respecto a los fantasmas, se
trata de cuerpos ultrajados, violentados, testimonio de muertos errantes
anclados en los sobrevivientes, en los descendientes. Es un muerto enterrado en
otro que continúa su trabajo de corrosión, de desligadura. La noción de fantasma
que irrumpe en las generaciones.
En Tótem y Tabú, Freud sostiene que “no es lícito suponer que ninguna generación
sea capaz de ocultar a la que le sigue sus procesos anímicos de mayor
sustantividad”. Estamos así "condenados a transmitir”
Por otra parte, lo que no se puede contener, pensar en la memoria, lo que no se
puede conservar se pudre, se corrompe. Así la corrupción, el abuso de poder de
unos sobre otros ya sea en el espacio social o familiar, lo relaciono con
violencia e impunidad, donde todo vale, reina la anomia: Trauma social.
Lo no simbolizado, lo no dicho, lo denegado, lo reprimido, forma parte del
llamado "olvido". Creo útil recordar que para los griegos (Vernant, 1987) el más
grande enemigo de la diosa Mnemósime, la Memoria, Madre de las musas, quien
"sabe todo lo que ha sido, lo que es y lo que será", es la fuente Leteo, el
Olvido, que forma parte del campo de la muerte. Según Platón esta fuente está
llena de maldad y por ello se le prohibe al alma acercarse. El alma debe
apartarse y seguir el camino que la lleva a la fuente que sale del lago
Mnemósyne, cuya agua proporciona el dominio del tiempo. Cabe señalar que Leteo,
el Olvido, tiene dos aliados temibles que son hermanos gemelos: Hipnos, el
dormir sin sueños, y Thánatos, la muerte. (M. Enríquez, 1987).
Leteo, Hypnos y Thánatos quiebran toda posibilidad de una construcción de la
historicidad al atentar contra la memoria familiar y colectiva.
M. Enríquez subraya que: "Los mecanismos de la memoria individual están en
interacción constante con los de la memoria colectiva, sin los cuales no podrían
funcionar" (Enríquez, 1987).
La rememoración, la remembranza designa la correlación entre la memoria y la
inersubjetividad: to re- member: (recuerda R. Kaes) es el resultado de una
acción de reunir a los miembros, el re-membramiento de las personas dispersas,
estalladas, desligadas por la acción de la violencia. Recordamos que el trauma
produce des-ligaduras y quienes trabajamos en países signados por el trauma
social, corremos el riesgo de repetir entre nosotros el estallido,
desmembramiento, eclosión y fragmentación en nuestros vínculos. Cuando la fuerza
de Bia se impone, la memoria es borrada, son historias que portamos y no podemos
inscribir en nuestra cadena intergeneracional, entre nuestros pares, nos
dividimos, estallamos y no re-memoramos.
La rememoración, “la remembranza” es así el proceso de la remomoración y de la
co-memoración (R. Kaes, 2002). Es necesario recordar en el conjunto: que se
recurre a otras voces para asegurar la super-vivencia de la propia. Re- memorar
es recordar entre muchos, traspasar versiones, emociones, pensamientos, hasta
que se logre la construcción de sentido común. (Rapsodia en agosto Kurosawa).
La modalidad intersdicursiva recurre a memorias cruzadas, que deja la huella de
la presencia del otro en su ausencia misma. Esta modalidad es la del trabajo de
duelo, y simultaneamente el trabajo de la transmisión (R. Kaes, 2002).
Memoria colectiva. ¿Cómo podrían las personas permitir la elaboración y
transformación de las herencias sociales negativas legadas por sus antepasados?
¿Y cómo podrá metabolizar los elementos traumáticos sufridos en el curso de su
historia? Subraya Granjon (1987), Kaës (1990), y Enriquez (1987) la posibilidad
y las capacidades de continencia, significación e intercambio con el contexto
social.
El contexto social puede servir entonces de ordenador, de dador de sentido de
aquello que ha quedado vacío de significado en la familia. La representación de
esto en el imaginario social son las leyes, los monumentos, los dichos, las
leyendas, los recordatorios y todos aquellos testimonios del pasado que dan
cuenta de la trama de una historia social tejida con el tiempo.
La memoria colectiva puede ser el soporte, el continente, que viene a significar
lo que ha quedado vacío en la memoria individual. A su vez los agujeros en la
memoria colectiva desencadenan violencia y alienación en los sujetos y en sus
familias.
Angustia traumática la relaciono entonces con desamparo, inermidad, que como
señaló Stoffels puede repararse o reforzarse de acuerdo a la respuesta del
entorno social cuando el trauma fue provocado por humanos contra humanos.
“Pero cuando el agente de la violencia es a la vez condición para sobrevivir
(trauma sexual precoz o trauma histórico), el deseo de muerte psíquica o
material pesa como sentencia, y el destino será autodestructivo o destructor"
(g. García Reinoso, 1989), de no mediar una relación con otro - otros, que
desnaturalicen y reconozcan esas violencias. El reconocerse y ser reconocido
como parte de un vínculo donde prevalece el deseo de vida, permite tomar lugar
en la cadena de las generaciones, y permite no sucumbir a la sumisión, o pacto
adaptativo de la violencia. De esta manera, como Prometeo, podremos liberarnos
de las cadenas que nos hacen hoy aislarnos, acostumbrarnos a las violencias
sociales y familiares.
Quisiera relatarles ahora un ejemplo traído por M. Viñar y G. García Reinoso,
donde vemos el proceso de desubjetivación de demolición psíquica.
Un hombre de aproximadamente treinta años es hallado ahogado en un río. Está
vestido prolijamente, con un detalle extraño: los ojales prendidos y cosidos
como para no ser ya abiertos, como si la vestimenta hubiese sido planeada como
la última : envoltorio cerrado para el viaje definitivo.
De la autopsia se desprende que ha almorzado poco antes de morir. Vecinos u
ocasionales testigos dicen haber visto reiteradamente, en los últimos días, un
hombre sentado en el puente con los pies colgando y mirando al río.
¿Muerte accidental, suicidio?
Y se inicia la investigación:
Estudiante durante la dictadura que, un tiempo atrás, el país en el que vivía
soportó. Brillante estudiante y militante socialista en sus épocas, es arrestado
después de años de militancia estudiantil: su tarea es ideológica y dentro de
las reglas del juego de una sociedad democrática. Hasta que la dictadura prohibe
toda actividad militante, y declara fuera de la “ley” (la que ella impone por la
fuerza) a todo cuestionamiento crítico y potencialmente transformador. El joven
cae preso y es encarcelado por largos años según la metodología de la represión
en su país. Finalmente es “liberado”.
Lo que puede averiguarse de lo que sigue es que, siendo del interior del país,
no retorna a su provincia, sino que permanece en la capital, desligado de su
mundo familiar, del estudio y obviamente de su actividad militante proscrita.
Los testimonios describen su situación como precaria y en un aislamiento muy
marcado: vive recluido en una muy modesta vivienda, solo, con grandes
dificultades para encontrar trabajo estable, con recursos mínimos sin amistades.
Las normas del encarcelamiento en el país comprometen a los presos cuando son
“liberados”, a pagar retroactivamente su pensión por los años de reclusión. En
el cuartel donde permaneció preso, hay en el archivo una cantidad importante de
cartas enviadas por él en respuesta a las reiteradas demandas militares de
saldar su deuda.
El tenor y el tono de las cartas va cambiando desde la primera hasta la última,
pocos días antes de su muerte. Al comienzo responde airadamente, declarando que
le reclaman un imposible: en efecto, mal puede estar en condiciones de pagar, si
los años de encarcelamiento le han cortado sus posibilidades de conseguir
trabajo. Pero poco a poco las cartas se hacen más sumisas: va reconociendo su
deuda aunque afirma no tener recursos para pagarla. Más adelante promete vender
todas sus pertenencias para pagrla; y en las últimas pide disculpas e implora
perdón reconociéndose culpable y afirmando que dedicará todas sus fuerzas y su
vida entera, si es necesario, para cumplir con el pago, agradeciendo que lo
hayan albergado tantos años y le hayan proporcionando enseñanzas y ejemplos tan
elevados. (!!!)
Cuando los investigadores llegan a su vivienda encuentran las paredes cubiertas
con fotografías y posters exaltando la figura del militar, en representaciones
triunfales, con leyendas escritas a mano con gruesos trazos de color, exaltando
la gloria del ejército y sus armas: “viva el general tal”, “los militares son
grandiosos”, “el ejército salvará a la humanidad”.
Solo unas líneas de comentario a tan triste destino, pues los hechos relatados
son elocuentes por si mismos.
Cuando las presiones que se ejercen sobre un sujeto, debilitado por los años
pasados en condiciones de aislamiento, sometido a prácticas prolongadas de
disciplinamiento, carencias y humillaciones, y sin duda también otras torturas,
se crean las condiciones para que los lazos sociales se disgreguen, con graves
daños para la subjetividad. El sujeto no tiene posibilidades de inscribirse en
un circuito de intercambio simbólico, que el trabajo y las relaciones afectivas
sostienen; y si, como en este caso, se le agregan reclamos imposibles de
cumplir, hay dos posibilidades: o la rebelión con el riesgo de muerte que
implica, o el sometimiento y la identificación masiva.
(M. Viñar, 1987 y G. García Reinoso, 1992)
Cuáles son entonces las condiciones subjetivas y sociales que hacen que un
sujeto se desestructure subjetivamente, se trata de una demolición psíquica y
con los lazos sociales disgregados, con sentimientos de desexistencia y sometido
y delegando su poder al poder del otro social.
La dimensión psíquica como decía Platón es la articulación entre las pasiones
del alma y de la ciudad. Los tres espacios psíquicos el intro, inter y
transubjetivo se articulan permanentemente en la constitución del sujeto humano.
Vínculo con el otro me constituye.
Voy a introducir la noción de vínculo de acuerdo a las teorizaciones de J. Puget
y Berenstein.
Partimos de la hipótesis de que los sujetos se constituyen en un vínculo. La
vincularidad y la pertenencia a un vínculo son consideraciones necesarias para
la construcción de la subjetividad. El sujeto se construye con simultaneidad
desde un trípode. Cada uno con una representación específica. En uno de ellos se
ubican las representaciones configuradas a partir de la ausencia, la vivencia de
desamparo desde donde se construyen las relaciones objetales (intrasubjetivo).
En otro están las representaciones de la presencia de otro (intersubjetivo) y en
otro pilar aquellas representaciones generadas a partir de la relación de un
sujeto con un conjunto y un conjunto con un sujeto y otros conjuntos (transubjetivo).
“Partir del supuesto de una representación simultánea de tres tipos de
representaciones, hace imposible derivar la representación vincular de la
relación objetal y de su sustento, la vivencia de desamparo”. Pensar la
presencia de otro y de otros como constructores de subjetividad, es el punto
teórico más importante propuesto desde el psicoanálisis de vínculos y su
riqueza.
Desde este enfoque se privilegian tanto las representaciones cuyo motor es el
desamparo y la ausencia, como aquellos provenientes de la imposición de una
presencia.
Cuando la realidad del otro hace tope y genera vincularidades no ya creativas
sino enfermantes, indicaremos el análisis en presencia de ese otro u esos otros.
Para ello caracterizaré brevemente a los vínculos.
Realidad: la realidad de otro real externo, su presencia impone un límite a las
fantasías autoengendradas por el yo con la exigencia muchas veces de que el otro
(pareja, familia, institución), sea como el sujeto lo ilusiona y como esto es
irrealizable surgen los consiguientes reproches “no sos como te soñé”. Reproches
dirigidos a la pareja, a los hijos, a las instituciones, con la queja de no ser
reconocidos, entendidos.
Ajenidad: el otro del vínculo es siempre alguien a conocer, que se cree conocer
pero que es siempre desconocido. Entonces surge la curiosidad por ese otro, y es
la curiosidad por el otro y sus avatares, los intentos por apresar lo inasible,
los que motorizan el vínculo.
La presencia del otro conmina, convoca y resulta imposible no comunicarse con u
otro o con un conjunto. Desde el nacimiento se ocupa un lugar en un vínculo de
sangre, y en un conjunto social. La estructura social y familiar preceden al
sujeto y cada uno tiene sus modalidades propias de funcionamiento. La
comunicación implica la construcción de un código, de un lugar y de la manera de
ocupar ese lugar en la pareja, en la familia, en los grupos. O sea la manera de
pertenecer. No se puede no comunicarse con otro, ni no pertenecer a una
configuración vincular, parafraseando a P. Aulangnier, J. Puget (1991) señala
que estamos “condenados a pertenecer”
Imposición: lo tomo para referirme a violencia. Un arriba y un abajo. No
autonomía. Sujeto objeto. No elige.
La pertenencia y el cómo es reconocida esta pertenencia, asegura la subsistencia
psíquica de un sujeto. El reconocimiento-desconocimiento es uno de los pivotes
que estructuran y pueden desestructurar a un sujeto. Cuántas veces en
situaciones de violencia social o de trauma social, el psicoanálisis individual,
de pareja o de familia, resultan inoperantes y solamente el grupo terapéutico,
reflexión o social devuelven a las personas a su subjetividad jaqueada.
Sobre ello volveré más adelante. Pero es importante dejar planteado que “todo
sujeto necesita una constante reafimación de su existencia y una confirmación de
su autoestima” (Puget, Berenstein, 1997) resultante de sus vínculos (pareja,
familia, grupo, instituciones) Muchas veces al no sentirse reconocido en un
vínculo (laboral, por ejemplo) una persona puede aspirar y exigir en otro
vínculo (familia) el resarcimiento por el desconocimiento sufrido. Es así que
por ejemplo encontramos en la clínica síntomas en una de las configuraciones
(pareja o familia) cuando el origen proviene de otra. En estos tiempo de crisis,
inestabilidad social y amenaza, las familias, las parejas y las instituciones
hacen eclosión.
La confirmación de la existencia, el reconocimiento y la confirmación de la
autoestima, son un potencial enriquecedor o un peligro enloquecedor en los
vínculos. Como decía el protagonista de KAOS al perder a su madre: “no tengo
quien me piense”. Según como somos mirados, escuchados y pensados por los otros
se conforma nuestra mismidad y tiñe los vínculos. La mirada del otro, del otro
social.
Desde la óptica del concepto de pertenencia se pueden entender ciertas
situaciones, las de violencia o violencia social, donde los sujetos se adaptan,
se conforman a cualquier situación con tal de no cuestionarse su inserción
(familiar, institucional, etc.) (S. Amati).
Defensas frente a la vincularidad: ante la imposición de la vincularidad
familiar o social, ante la ajenidad del otro, una defensa frecuente es el
intentar transformar en semejante lo distinto, anularlo o marginarlo. Confundir
ese plus de información que provee la presencia con algo ya conocido. Lo dicen
los refranes: “mas vale malo conocido...”, “cambiar para que nada cambie”. La
presencia de los otros se vuelve inquietante en tanto la estabilidad del yo se
siente amenazada. La xenofobia, el rechazo a lo nuevo a lo que nos cuestiona,
son ejemplos cotidianos de resistencias a lo distinto.
Los poderes totalitarios no admiten lo distinto, no admiten sujetos deseantes.
En la violencia familiar hay otro objeto , no sujeto de deseo. Con lo cual
nuestra pertenencia es relacional, social, no se la recibe pasivamente, el
sujeto se la apropia, la interpreta, la negocia. Elige?
Ante situaciones de trauma social, de violencia social, debe re-preguntarse
quién soy yo para los otros?
El papel de los grupos en estas situaciones de devastación social podrán
habilitar o acreditar la existencia social del otro atemperando su
desubjetivación. La subjetividad, lo humano es una cualidad adquirida y que se
puede perder (J. Puget, 2000). Como vimos en el ejemplo del abuso político. Lo
humano requiere de alguna práctica entre los otros, depende de lo que suceda
entre un sujeto y otro, entre un sujeto y un conjunto. (J. Puget, 2000)
La subjetividad que se adquiere es frágil y se puede perder por la acción de
otro humano, acción donde al sujeto no al sujeto se lo trata de objeto. Freud
decía en 1930 en “Malestar en la cultura. Ante hechos traumáticos de origen
social los sujetos pueden reaccionar defensivamente presentando: estupor
inicial, paulatino embotamiento, abandono de toda expectativa, o con las formas
groseras o finas de la narcotización de la sensibilidad frente a los estímulos
desagradables...” El alejamiento de los demás es el método de protección más
inmediato contra el sufrimiento susceptible de originarse en las relaciones
humanas.
Freud en “Inhibición, síntoma y angustia” recalca que la palabra clave para
entender los efectos de las experiencias traumáticas es la palabra “desamparo”,
proviene del latín ante-parare, ante una situación que no se puede prever, y que
altera las posibilidades de prevenir que ello no suceda en el futuro.
Expuestos e indefensos ante los deseos de muerte real o simbólica del otro. Este
desamparo traumático no enfrenta con la crueldad, del otro humano.
Por otra parte vimos como la memoria está sometida a la acción de Leteo, Hypnos
y Thanatos, que tratando de borrar las marcas incitan a escapar de toda
rememoración y encuentro con la memoria y deseo del otro, de toda colectización
del otro.
El sujeto ante la violencia social o familiar, como producto de esas violencias,
de esas prácticas violentas ejercidas sobre el puede ir perdiendo humanidad, se
va des humanizando. Des-subjetivando por acciones de otros contra él.
El ataque del otro humano puede venir de uno o varios espacios (social y
familiar) y las representaciones y acciones impunes en el espacio social
favorecerán la impunidad de la violencia familiar.
Recuerdo acá el concepto de traumatismo acumulativo de origen social, que puede
provocar anestesia afectiva, insensibilidad, conformismo.
El traumatismo acumulativo surge cuando la posibilidad del futuro es incierta,
surge la amenaza y el terror (síntoma del trauma), terror de ser destituido como
humano. Terror de ser objeto de otro, familiar o social, y quedarse sin recursos
para defenderse: pensar – hacer pudiendo elegir, recibir.
El otro violento, el victimario des-conoce, des-miente las condiciones de
posibilidad de su víctima, o si las conoce las desmiente con algún tipo de
explicación racional que utiliza contra su víctima “lo hago por tu propio bien”.
El otro violento también se deshumaniza, y repite su violencia buscando otra
escena donde él pueda volver a jugar su papel (J. Puget, 2002).
Es sólo con otros, entre otros y a través de otros que podrá recuperar su
dignidad, subjetividad, humanidad desmentida.
Será posible (como Prometeo), darse cuenta de la propia condición de objeto? Si
la persona puede darse cuenta, ya tiene una condición humana, y si otro lo
re-conoce empieza el camino de tramitación de la situación traumática.
Como señala R. Kaes (2002) la elaboración de la experiencia traumática pasa por
el trabajo de la intersubjetividad, “más precisamente por una pluralidad de
voces y de discursos”
Es un proceso de co-presencia de muchas voces, en estos tiempos, como se engarza
lo traumático con el pasado y el por-venir.
El orden jurídico social y cultural participa de esta elaboración, o la
entorpece y la impunidad puede reforzar la situación traumática social o
familiar y convertirse en una nueva situación traumática con los efectos de
desligadura y desamparo que mencioné.
La violencia es vincular (desde los tres espacios) y por lo tanto para ser
pensada debe ser asida, retomada, amplificada en otras voces, debe suscitar:
testimonios, comentarios, múltiples versiones, búsquedas sobre sus causalidades.
Hace falta de otros para ser escuchada, para ser vista, desnaturalizada. (mito
de Prometeo.) No se trata de la necesidad de los otros para la catarsis y no me
refiero a la catarsis sino a lo que moviliza “la polifonía de voces”. (R. Kaes,
2002)
Se trata de elaborar y pensar con otros los acontecimientos violentos.
Ante el trauma de la violencia es necesario que se movilicen funciones
figurativas y representaciones del pre-conciente, funciones específicamente
tocadas, paralizadas, puestas de lado en la experiencia traumática.
Los dispositivos grupales y comunitarios brindan esas posibilidades
Pero antes de abordarlos quisiera situarlos en relación al grave daño que causan
en los vínculos y en los vínculos de las generaciones, las violencias sociales:
violencias traumáticas colectivas que convulsionan nuestros países hoy en día.
Quisiera destacar la relación esencial entre la construcción intersubjetiva de
relatos y representaciones, que devienen sociales y que marcan los vínculos, hoy
y a lo largo de las generaciones. Cómo eso ataca las relaciones entre
generaciones y la identidad, pertenencia y subjetividad del colectivo social.
R. Kaes llama la atención sobre como las “catástrofes de masa” alteran las
condiciones interdiscursivas de los vínculos entre las generaciones y alteran la
posibilidad de elaboración de las violencias.
Cuál es la especificidad del anclaje genealógico en la violencia que producen
los traumas sociales.
Los grupos – aporte de la clínica
Después de una experiencia traumática social y familiar (además de las prácticas
atinentes al orden jurídico legal )lo que es de vital importancia, lo puesto en
significaciones de varias voces, para varios escuchas y por varios auditores,
unos víctimas de la violencia y otros testigos y otros ajenos a ella. (R. Kaes,
2002). Aunque en estas situaciones de violencia social o familiar –quienes son
supuestamente “ajenos a ella”, no lo son en la medida en que la violencia social
implica a todos y la violencia familiar está también inserta y respresenta una
herida al conjunto.
En la medida en que están todos implicados, hacen posible la puesta en práctica
de acciones reparadoras, preventivas y trasformadoras de las violencias. Es ahí
donde los grupos y la comunidad son fundamentales.
Con respecto a la historia de la práctica grupal en el psicoanálisis fue primero
considerado como una terapia menor. Poco a poco se fue visualizando el potencial
movilizador de los grupos.
El “efecto de grupo”: el tema particular de la comunicación multipersonal,
contacto visual, el contagio emocional, reacciones y asociaciones en cadena que
facilitan un pensamiento intuitivo y un lenguaje de acción y dramatización. (C.
Pachuk,1999)
Voy a considerar al grupo como: un conjunto de grupos internos de diversos
niveles de complejidad y diferentes estados regresivos, donde se generan
fantasías expresadas en una dramática donde se transfieren escenas sobre
escenas. El grupo contiene con su yo-piel, su mutuo reconocimiento, su cultura
grupal.
En los grupos incluyo la transferencia sincrónica: es el aquí y ahora del grupo,
hace al mantenimiento del mismo.
En este “nosotros” del grupo, en el aquí y ahora incluyo los 4 objetos
transferenciales que son con cada uno de los otros, el grupo mismo, el mundo
externo y el terapeuta o coordinador.
Transferencia diacrónica: tiene que ver con los componentes socio-históricos del
sujeto singular. Es importante en los grupos en la elaboración de experiencias
traumáticas el priorizar los momentos de transferencia sincrónica, escena donde
se reiteran otras escenas que quedaron “olvidadas” “escindidas”, estalladas, con
la posibilidad de con otros, entre otros, ligar aquello que quedo desligado por
efectos del trauma social o familiar, en el aquí y ahora del grupo, en esas
vivencias directas se entretejen relaciones emocionales intensas que ofrecen la
oportunidad de elaborar las marcas y de transformar la vincularidad.
El sostén del grupo lo dan estas interpretaciones mutativas sincrónicas. La
transferencia diacrónica se repite y se puede interpretar en cualquier momento.
La tarea esencial del terapeuta de grupo consiste en percibir el clima grupal
cuando se expresa y detectar qué es nuevo, qué es repetición (aunque no hay
repetición en el sentido lato) de esa vincularidad que allí se siente
intensamente. Es la oportunidad en la polifonía de voces y de emociones de ir
tejiendo la trama vincular atacada por el trauma.
Un tema esencial (que trabaja C. Pachuk, es cómo se hace el pasaje de una a
otra, de la transferencia sincrónica a la transferencia diacrónica. El “punto
del almohadillado” (point de capiton) (C. Pachuk) es el instante de
abrochamiento de la transferencia diacrónica en la sincrónica. “es el vértice
donde una situación grupal hace efecto con algo de la historia, y en este caso
de la historia traumática del sujeto. Los efectos transformadores van del grupo
al sujeto.
Y el terapeuta está implicado: es también sujeto socio-histórico, sujeto en y
del conjunto.
Implicación: es el conjunto de relaciones (conscientes o no) y representaciones
que existen entre el actor (terapeuta) y el orden institucional (social y
científico) y la base racional de las técnicas. (C. Pachuk, 1999) había
mencionado que es difícil ser ajeno a la situación de trauma social o de
violencia familiar, en tanto ocurren a testigos, víctimas y actores de la
violencia. No es posible ser expectador de esa escena: la escena de la
deshumanización de otro, de la devastación social. Son vivencias de
incertidumbre desamparo, desesperanza y odio que requieren de un terapeuta
implicado que contenga y relacione y signifique lo vivido.
El lugar de terapeuta, un operador social en las situaciones de trauma social o
familiar también lo incluye en el conjunto. El psicólogo así como sus pacientes,
también necesita de un lugar –grupo de pertenencia profesional- donde se pueda
elaborar, tramitar y relacionar como estas vivencias traumáticas repercuten
dentro de sí y de sus vínculos. La supervisión, los grupos de investigación, de
reflexión cumplen con estos objetivos: el de tramitar los sentimientos de
malestar, congoja y perplejidad que lo golpean y pueden avasallar su
pensamiento. (sindrome burnout, over compassion, fatigue, malaise . en Giberti
E.,2000)
En la supervisión de los psicólogos se trabaja sobre el aspecto técnico del
manejo de los grupos y sobre el impacto emocional que estas situaciones tienen
en los terapeutas. Es necesario para que el grupo no repita dentro de si- mismo,
entre los profesionales tratantes, y en cada uno los efectos de la violencia
social y/o familiar.
Se trata de investigar y modificar el impacto que, en la tarea, producen los
procesos inconscientes generados a partir de tratar con las víctimas de la
violencia y adentrarse en un mundo de sufrimiento y destrucción.
Ejemplo del Centro de atención a víctimas de violencia familiar. “M. Malharro”,
coordinadora, Lic. Vilma Colodro.
El Centro “Margarita Malharro”, tiene como objetivo el abordaje integral de la
violencia familiar a través de dos áreas: Jurídica y Psicológica, siendo
característica puntual de nuestro encuadre la consideración de la “violencia”
como suceso traumático que atraviesa a toda la estructura familiar,
privilegiando, de tal modo, las entrevistas vinculares entre los distintos
miembros de la familia, teniendo en cuenta la variable de género como eje
fundamental del abordaje.
Cuenta con una supervisión institucional externa, (sobre las repercusiones en
los vínculos y en la tarea del trabajar con víctimas de la violencia familiar),
y con una supervisión de los distintos grupos para mujeres golpeadas.
Estos espacios de supervisión, contención y formación profesional ayudan a
mantener la salud mental del equipo, prioridad indispensable para poder abordar
temáticas tan nocivas y difíciles de sostener, ayudándonos y protegiéndonos, de
forma tal, de evita actuar la misma problemática que trabajamos.
Completando la tarea de equipo, una Psicóloga Social, ofrece talleres de
reflexión abiertos a la comunidad.
Los objetivos generales del Centro son los siguientes: atención de mujeres que
padecen violencia familia. Discriminación de la situación de violencia,
diagnóstico de la situación de riesgo. Evaluación de las redes y recursos
familiares y sociales. Tratamientos individuales y grupales. Asesoramiento,
orientación y patrocinio jurídico en violencia familiar y asuntos de familia.
Capacitación de Agentes Sociales. Promoción de espacios de reflexión sobre
temáticas específicas. Charlas de sensibilización y concientización de la
temática abiertas a la comunidad.
Desde la apertura del centro se recibió una afluencia importante de consultas
jurídicas, ya que los casos legales que se atendían en el centro original fueron
captados por nosotros para su atención integral. A estos se fueron sumando otras
fuentes de derivación como por ejemplo: línea telefónica, CGP, hospitales,
escuelas, parroquias, hogares, juzgados.
La población que acude a este centro, está formada por mujeres que comprenden un
amplio espectro de edades a partir de los 21 años. La intención del centro es
captar la consulta sobre todo de las personas que residen dentro del área de su
influencia, intentando convertirnos en un referente barrial.
La mayoría de estas mujeres pertenecen a un nivel socio-económico medio,
medio-bajo, con un nivel de instrucción que abarca desde universitarias hasta
analfabetas.
No constituyen factores recurrentes, el número de hijos, el tipo de vivienda, la
propiedad, cantidad de hijos ni la condición laboral.
Las admisiones se realizan de martes a viernes de 10 a16 hs., las mismas son
efectuadas por una psicóloga y/o una abogada, según lo requiera el caso,
privilegiando el abordaje interdisciplinario de la problemática.
El proceso de admisión puede llevar hasta tres sesiones, luego la terapeuta
encargada de seguir el caso, elaborará y diseñará una estrategia de trabajo, que
puede consistir en un tratamiento individual y/o grupal o la combinación de
ambos. Esto dependerá del estado en que se encuentre la paciente en el
transcurso del proceso de admisión.
En la primer entrevista, discriminamos el tipo de violencia sufrida por la
consultante, violencia física, emocional, sexual, económica, abuso ambiental y
pérdida o restricción de la libertad.
Un segundo paso consiste en la evaluación del riesgo atento a:
1) Indicadores físicos visibles: golpes en el cuerpo, heridas cortantes de arma
blanca, magalladuras,alopsía, moretones, quemadura,etc.
2) Factores de riesgo tales como: amenazas de muertes, hacia ellas, hacia sus
hijos u otro familiar o amigos, tenencia de armas de todo tipo, conductas
adictivas, conductas antisociales y o delictivas, ausencia de redes sociales o
familiares de contención.
Nuestra ideología remite al trabajo grupal, si bien en casos puntuales es
necesario un apoyo individual más prolongado hasta la inclusión en el grupo
salvo contraindicaciones en cuanto a la agrupabilidad o dificultades con el
horario. En todos los casos esta circunstancia implica también un acompañamiento
individual sostenido a criterio de cada terapeuta.
Cuando comenzamos con los grupos fuimos perfilando un doble objetivo, por un
lado la solución concreta de la problemática, incluyendo la elaboración de los
aspectos subjetivos que llevan a reiterar vínculos violentos y por el otro la
prevención de la repetición en generaciones posteriores ya que un gran
porcentaje de las mujeres que se atienden en nuestro centro fueron en su
infancia testigos o víctimas de violencia.
El grupo está integrado por mujeres, en número de cuatro a ocho como máximo, con
una sesión por semana, cuya duración es de noventa minutos. Si bien el grupo es
homogéneo en cuanto al sexo y problemática, es heterogéneo con respecto a la
edad, nivel socio-económico, religión, nivel educativo, estado civil, etc.
Cada grupo cuenta con tres psicólogas, dos de ellas en co-coordinación y la otra
profesional como observadora no participante.
Es fundamental el compromiso de las terapeutas y pacientes para poder alcanzar
los logros deseados, esto no implica que no tengamos en cuenta la
flexibilización tanto de las situaciones personales de cada integrante como de
la asistencia.
Pese a que las características de la violencia conyugal son conocidas creemos
importante destacar como se constituye el ciclo de la violencia, cuyas fases
son: 1) Acumulación de tensión: caracterizándose por un comportamiento posesivo
del hombre con agresiones psíquicas y golpes menores en que la mujer racionaliza
la situación. 2) Fase aguda de golpes: caracterizada por el descontrol y la
inevitabilidad de los golpes frente a situaciones cotidianas por triviales que
sean. 3) Luna de miel: se distingue por una conducta de arrepentimiento
seductora de parte del hombre y de la aceptación de la mujer que cree en su
sinceridad. En esta etapa predomina una imagen idealizada de la relación acorde
con los modelos convencionales de género. Luego tarde o temprano todo recomienza
y la fase uno vuelve a escena.
La consulta suele presentarse cuando las pacientes están cursando las dos
primeras fases del ciclo, mientras que en la tercer fase hay mas ausencias e
inclusive deserciones en el tratamiento.(V. Colodro y coll, 2000)
Desde esta perspectiva, la colaboración interdisciplinaria es básica, a través
de la convergencia del problema y aportando cada profesional sus cualidades y
capacidades para asumir un riesgo en común que se caracteriza por el
establecimiento de estrategias puntuales.
Dentro del Area de Prevención, el Centro “Margarita Malharro”, cuenta además con
el Programa de Agentes Sociales en Violencia Familiar, el mismo se enmarca en
los objetivos de la Dirección de la Mujer, en el sentido de promover y
desarrollar las capacidades autogestivas de las mujeres y fomentar su plena
inserción y participación.
Se plantea el mismo a través de la articulación de sus historias de vida, sus
vivencias y experiencias con conceptos y conocimientos teóricos, de lo cual
resulta una experiencia de aprendizaje y terapéutica al mismo tiempo.
Además se aspira que forme parte de su “recuperación” como modalidad alternativa
para aliviar el malestar en tanto recuperan sus propios saberes, optimizan su
creatividad y sentimientos de solidaridad. Este tipo de trabajo se enmarca en el
concepto de prevención como reducción de daño, es decir como propuesta que
compense el daño producido y fortalezca los aspectos saludables de las personas
destinatarias.
Desde la perspectiva de género, este trabajo apunta a que las mujeres puedan
visualizar su lugar desde otro punto de vista cuestionando así los estereotipos
sociales que la colocan en un lugar de dependencia y permitiéndole de este modo
redefinir su lugar.
Contexto Social: Grupos y redes
Realidad externa – contexto social
Quisiera rescatar la importancia del grupo como sostenedor en situaciones de
violencia social. El desvalimiento y aislamiento de los sujetos al ser
contenidos por una estructura más amplia se aminoran, pasando a ser reconocidos
en otros esbatimentos sociales.
Postulamos que la socialización es un proceso constante y estructurante de la
subjetividad a lo largo de la vida de las personas. La subjetividad social se
construye y deconstruye permanentemente .
Un psicoanalista alemán H. Stoffels, refiriéndose a las consecuencias del
Holocausto, considera que es de gran importancia para la salud mental, tanto la
incidencia de la situación previa al trauma sufrido, como la situación del
trauma mismo, así como el apoyo familiar y el reconocimiento social para la
situación post-traumática. Cómo son contenidos y cómo se insertan las personas
que sufrieron violencia social (del Estado, Holocausto, Desocupación) es
esencial porque la pareja y la familia aislados no pueden tramitar esta
situación. Justamente señala Stoffels “....la dimensión decisiva de la
superación del trauma es.... la experiencia de estar en condiciones de entregar
algo a otros seres” en un acto creativo y social.
Aquí el valor de los vínculos sociales como herramientas terapéuticas y de
homoafirmación es fundamental, porque cuando el ataque provino del entorno
social, es a ese nivel que se puede ir restaurando la herida.
Freud decía en 1921 en Psicología de las masas: “en la vida mental individual,
aparece integrado siempre el otro: como modelo, objeto auxiliar o adversario y
de este modo la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio
psicología social en un sentido ampliamente justificado.”
Queda claro que la subjetividad no se reduce al psiquismo o a la persona
individual, que la subjetividad con su inscripción en los conjuntos
plurisubjetivos modela y es remodelada permanentemente, que el psiquismo está en
incesante cambio y transformación, y que la psique y la institución social
advienen en un solo y mismo acto, que no hay una sin la otra. Lo social será
constitutivo de la subjetividad y será ocasión de advenimiento de la psiqué. (Bozzolo
y otros, 2001) La subjetividad se construye a partir de su ser en sociedad, que
la instituye, por ello no hay subjetividad que se construya de una vez y para
siempre.
Esto nos plantea una pregunta. ¿Qué de los sujetos proviene de su estructura
psíquica y qué de lo producido socialmente? Serán discernibles estos planos?
¿tendrán algún orden jerárquico, alguna secuencia temporal en su aparición? (R.
Bozzolo, 1999)
La subjetivación, la humanización se producen a lo largo de los tiempos, y la
noción de procesos históricos de subjetivación es necesaria también para
comprender las formas de ser de los géneros, para revisar críticamente las
nociones de trauma sexual, sexualidad femenina, etc. Los vínculos y las
pertenencias sociales, los nuestros (los de Freud también) dejan marca y un
apuntalamiento o desapuntalamiento en y por sus grupos de pertenencia, de
referencia.
La noción de subjetivación y pertenencia social nos permite entender los
complejos procedimientos que constituyen a los sujetos y constituyen una cierta
manera de ser social, una cierta forma de existencia. Esto requiere trabajar la
producción de subjetividad propia de cada entramado social específico con el
conjunto de prácticas que lo constituyen, que modelarán a los sujetos que lo
sostienen y reproducen. (R. Bozzolo, 1999)
Cómo la red social afecta la salud de los sujetos y la salud del sujeto afecta
la red social.
C. Sluzki, señala que existe una amplia evidencia de que “una red social
personal estable, sensible, activa y confiable, protege a la persona en contra
de enfermedades, actúa como agente de ayuda y derivación, acelera los procesos
de curación y aumenta la sobrevida”. También correlaciona la enfermedad,
especialmente la de curso prolongado, deteriora la calidad de su interacción
social , y a la larga, reduce el tamaño y la accesibilidad de su red social.
(sus grupos de referencia y pertenencia)
Esta doble acción le permite perfilar círculos virtuosos en los que el
apuntalamiento y pertenencia que brinda la presencia de una red social
substancial protege la salud del individuo y la salud del individuo mantiene la
red social. Los círculos viciosos en los que la presencia de una enfermedad
crónica – o un déficit crónico o dificultad crónica de cualquier tipo en una
persona afecta negativamente a la red social de esa persona, red que va más allá
de la familia nuclear, lo que a su vez volverá a impactar negativamente en la
salud del sujeto, al aumentar su labilidad vincular, la retracción de la red y
así en especial deterioro recíproco. La salud relacional y vincular del sujeto y
sus redes, y el conjunto quedan afectados e interrelacionados.
Afirma C. Sluzki, que las personas menos integradas socialmente tienen más
probabilidades de morir y enfermar. Ser reconocidos o no como sujetos, sujetos
de deseo, decía, es esencial para la vida psico-social de las personas. Ser
pensado en red, fortifica la salud vincular y la calidad de vida.
Ya Durkheim en 1987 estudiando el suicidio, demostró que existe una mayor
probabilidad de suicidio en los individuos más aislados socialmente,
comparándolos con quienes poseen una red social más amplia, accesible e
integrada. Los grupos de pertenencia ya sean informales o formales son puntos de
anclaje que los trabajadores de la salud debemos tener presente ante las
violencias y traumas sociales que conmocionan a las personas y a la sociedad
toda. La pobreza relativa de las relaciones sociales constituye un riesgo para
la salud (comparable al fumar, presión arterial elevada, falta de ejercicio
físico, etc.) estas ideas son importantes para la recuperación y prevención de
la salud.
En las investigaciones los efectos positivos de la red sobre la supervivencia
(índice social de mortandad más bajo): cuanto menor la red social, mayores las
probabilidades de morir.
Incluso las mujeres en función de una facilitación cultural y un entrenamiento
social tienden a establecer relaciones sociales de mejor calidad, mayor variedad
de funciones, mayor intimidad y mayor duración (C. Sluzki, 1996) Esta habilidad
socializante de las mujeres las tenemos en cuenta en cuanto a su vulnerabilidad
y su recuperación en las situaciones de violencia familiar. Pero nota el autor
que en redes de “densidad elevada” en casos de crisis se tiende a delegar en
otros, y en la red de “densidad intermedia”, se favorece la probabilidad de
cotejo de impresiones (a diferencia de los aislados) y se reduce la sobrecarga
sin generar supuestos de delegación en otros, lo que aumenta la efectividad de
sus miembros.
En resúmen las redes sociales contribuyen a darle sentido a la vida de sus
miembros. Las relaciones con los otros favorecen una organización de una
identidad a través de los ojos (y las acciones) de los otros. Ser útil, estar
para alguien.... como señalaba N. Stoffels en la recuperación del trauma. Los
agentes sociales, ex mujeres golpeadas de los Centros de ayuda a víctimas de la
violencia social parten de este presupuesto.
(Trabajo de agentes sociales: coordinación, visitas a grupos de ayuda mutua
cuentan su experiencia, ayuda al sostenimiento. Alcohólicos anónimos.)
A su vez sabemos que las enfermedades generan en los demás conductas evitativas,
(distancia de los apestados, sobre todo si se vuelven crónicas), vuelve inertes
a los afectados, y en los casos de violencia tienden a aislarse: por vergüenza,
ajenos entre los que no pasaron por la situación traumática y reduce los
“comportamientos de reciprocidad social”.
Pero finalmente una discapacidad crónica, o situación traumática puede generar
nuevas redes. Quizás erosione la red social habitual pero genera nuevas
relaciones por ejemplo con los servicios sociales y de salud, que brindan y se
brindan en un circuito de autoayuda un apoyo instrumental y emocional
importante.
Cuáles son entonces las prácticas que podemos instrumentar para fortalecer las
redes sociales en los procesos de subjetivación? Veremos la generación de redes
para una situación que necesite de apuntalamiento social, como lo necesitan las
víctimas de trauma social. Muchas variables son posibles: desde la intervención
terapéutica en red hasta la estimulación de las habilidades sociales necesarias
para desarrollarlas, desde la importancia de desconectarse de vincularidades
enfermantes, hasta l investigación de redes o vincularidades inadecuadas y la
posibilidad de transformarlo por la red. (mujeres golpeadas, niños de la calle)
C. Sluzki.
¿Cómo definir la Red?
Hemos visto que algunas veces es una propuesta de acción, y en otros un modo de
funcionamiento de lo social.
Puede ser un modo espontáneo de organización o un modo de agruparse para
defenderse de situaciones específicas (la resistencia civil en Francia a los
nazis).
Puede ser así una estrategia para enfrentar y organizarse ante los riesgos a que
se ven expuestos los sectores más vulnerados de nuestra sociedad.
La pesadilla de los golpeadores (Pag. 12, 2002.)
Vicky, Alicia, Elsa, Cinthya: sus nombres son conocidos por casi todas las
mujeres de la villa del Bajo Flores y los alrededores. Porque muchas de ellas
son mujeres golpeadas y maltratadas y no encuentran respuesta ni en la policía
ni en la justicia. Si la encuentran en este grupo de mujeres que lleva adelante
el comedor Niños felices y que cuando reciben una denuncia de violencia familiar
acompañan a la víctima y vigilan al golpeador y algunas veces, en situaciones
límite, hasta lo encaran y si hay que pegar, pegan.
Hay un pasillo estrecho y sinuoso, salpicado de un barro líquido en invierno. Es
un pasillo que conduce hacia adentro de una ciudad si medianeras ni cloacas, sin
catastro ni tasación inmobiliaria. Es la villa 1-11-14 o la villa del Bajo
Flores, la más grande de Bs. As.. Aplastada por la topadoras del plan de
urbanización del ex intendente Cacciatore y vuelta a construir, como un árbol
que se poda para que crezca con más fuerza. Alli se apiñan decenas de miles que,
a la fuerza, comparten los detalles de su intimidad. En la villa todo se sabe.
En la villa, los secretos son como globos que se mantienen en el aire porque los
empujan muchas manos. No es distinto de otros ámbitos, de otras vecindades.
Salvo que la pobreza es como una lente que expone y delata, no se puede estar
perdiendo el tiempo en disimular tal o cual cosa. La urgencia es diaria, lo
demás no existe. Lo saben las mujeres del comedor Niños Felices, acostumbradas a
salir por aquel pasillo todas las mañanas para “manguear” mercadería. Necesitan
completar lo que reciben del Gobierno de la Ciudad porque la ración que tenían
asignada ya no alcanza. Si en diciembre se atendía a 200 chico, ahora son 395.
Pero hoy el grupo de mujeres que salen juntas del comedor tienen otro motivo y
el barrio lo sabe. “Se ve que salimos como transformadas cuando vamos a un
operativo”., dirá Alicia cuando esté de vuelta y relate de qué se trata. Ahora
no tiene tiempo, estaba cocinando junto a sus compañeras cuando una nena de
menos de un metro llegó con las mejillas rojas de frío y miedo. El papá le había
pegado otra vez a la mamá y ella la mandó a buscar a las amazonas, como les dice
el cura de la villa. Y ellas fueron y volvieron , como un grupo de choque
entrenado y cohesionado. “nos fuimos para la feria – una que se monta entre los
pasillos de la villa hacia la avenida Cobo- porque ahí este matrimonio tiene un
puestito. Queríamos hablar con el hombre, pero el tipo nos vacilaba, se hacía el
vivo, no nos escuchaba”.
Entonces las mujeres lo rodearon, le cortaron el paso, “queremos hablar con vos”
le dijeron ahí, frente a todo el mundo. “se quiso poner agresivo y bueno –
cuenta Alicia- a Mabel se le escapó el cachetazo”. El tipo seguía queriéndose
escapar y la Vicky lo frenó con un palo entre las piernas. Le queríamos hacer un
estilo escrache, porque lo peor para el golpeador es que todos se enteren. Pero
mucho peor es que vean que le pega a una mujer. Al final se quedó quieto y le
hablamos. ¡Lo que no hizo ese hombre!. Terminó llorando, pidiendo disculpas,
prometiendo que no lo iba a hacer más.” Ni Alicia ni Mabel le creyeron
demasiado, están acostumbradas al teatro del arrepentimiento. Por eso después
siguen el caso, pasan por la casa a ver cómo están las cosas. “Es que hay que ir
liquidando lo que queda pendiente. Cuando vemos a la señora, la saludamos, bien
botonas: Cómo le va Doña, cómo anda. Se ve que ella tiene miedo porque nos hace
señas, pero es la única manera de que el tipo sepa que estamos ahí y que ella no
tiene por qué temer” De eso se trata un operativo, entonces. De intervenir
directamente en casos de violencia familiar porque, cuando se vive tan al
margen, la Justicia suele tener la venda corrida.
Alicia tiene una pareja, pero no viven juntos. Es todo un motivo de envidia para
las amigas. Es que así tiene más libertad y puede volverse a su casa cuando
quiere. Por ejemplo, cuando discute con Salvador sobre el trabajo que las
mujeres del comedor llevan adelante en relación con la violencia familiar. “El
no está de acuerdo porque dice que en la cama todo se arregla. ¡Mirá vos! Es
algo que dicen muchos, o que no dedicamos a separar a las parejas. Pero no es
así, lo que pasa es que en muchos casos no te queda otra” Esta mujer de 33 años
y tres hijos es una de las fundadoras del comedor Niños Felices , que allá por
el ´ 89 fue a una olla popular. En plena época de hiperinflación, treinta
mujeres del barrio se encontraron en un edificio de Acción Social esperando por
mercadería. Después de horas de cola, algunas habían conseguido lentejas, otras
leche, otras aceite y harina. De vuelta en la villa vieron que algunas no habían
conseguido nada. Con nueve cajas de PAN empezaron a cocinar para todas en un
patio, a la intemperie. Así pasaron dos años, escuchando el “verdugueo de
muchos” que las llamaban zurdas o que las acusaban de estar contra el gobierno
que ya era de Carlos Menem. “Fuimos muy azotadas por eso, venían los camiones a
traer mercadería y a nosotras no nos reconocían, aunque les dábamos de comer a
muchísimas familias. Nos tiraban tres o cuatro paquetes y nos teníamos que
arreglar, siempre terminábamos llorando”. Con o sin lágrimas, seguían cocinando
y entre el vapor de los guisos empezaron a hablar de lo que siempre se calla.
“Estábamos juntas y no sabíamos que teníamos esto, que estaba bueno estar
juntas. Teníamos muchos problemas parecidos en las casas, con los hijos, con los
maridos” La mayoría no había cumplido treinta todavía, aunque la vida había
empezado demasiado temprano. A los tres años de estar sosteniendo la olla
popular, consiguieron los materiales para empezar a construir el comedor en el
que Mabel y Alicia se abrigaban ahora con sus echarpes de lana. Hay un pizarrón
en el que se anotan las efemérides del día, como en la escuela, que adorna la
sala en ele que bordea la cocina. En un extremo, tres mujeres mayores con sus
polleras bolivianas esperan desde hace horas que llegue su turno de almuerzo,
apenas un rato antes d que los chicos salgan de la escuela y empiecen a
amontonarse en la puerta. “Será porque éramos todas mujeres, pero siempre
quisimos saber más de esas cosas. Nos interesaba aprender y ya veníamos
charlando de la violencia y de los insultos de los maridos. No hay derecho a que
te traten así” por eso llamaron una mañana a la Secretaría de la Mujer de la
Ciudad de Buenos Aires, buscando un contacto y les ofrecieron organizar grupos
de autoayuda. “aunque después terminamos enseñándoles a ellos”, dice Mabel de
28, porque “pretendían decirnos cómo enfrentar esos problemas que hiciéramos la
denuncia pero para nosotras no es así. Hasta que un día vino un hombre corriendo
a una mujer y nosotras salimos a detenerlo. Nos pusimos adelante y el tipo se
terminó yendo. Nosotras no teníamos miedo porque estábamos todas juntas pero,
cuando entramos, vimos a la mujer casi metida debajo de la mesa, estaba cagada
en las patas”. De todos modos, las lecturas que les acercaron les sirvieron para
sus reuniones, para saber que los insultos también son violencia, que existe la
violación dentro del matrimonio y que gastarse la plata que tendría que ser para
los hijos también es violencia. “Todo eso una lo siente, pero no sabe que los
demás la van a entender. Porque siempre nos enseñaron que el sexo era un derecho
de los maridos. Se da mucho que te agarren por la fuerza. Pero no, es tu
intimidad, tu cuerpo, nadie tiene derecho” Y Alicia sabe de que habla.
Elsa es la hija de una de las mujeres que espera por su vianda en un extremo del
comedor. Su caso fue uno de los mas complicados para las chicas del Niños
Felices. Antes, por necesidad pura de hacer algo más que escuchar y consolar a
las compañeras, habían decidido no dejar sola a la que estaba sufriendo
violencia. Se habían instalado en una casa a soportar juntas los insultos de un
marido que “tenía eso de transmitir, llegaba borracho y empezaba: que sos una
puta, que no hacés nada bien, que no hacés nada bien, que sos una arrastrada,
que qué se yo. Una vez nos pusimos en el medio cuando el tipo iba a levantar la
mano y sin darnos cuenta lo pechamos. El tipo se cayó al piso y se asustó tanto
que entendimos que ahí teníamos algo”. Algo que se puso en juego en el caso de
Elsa. “Ella nos venía a buscar, tenía siete hijos y él los fajaba a todos, hasta
a la madre. Ya le habíamos hablado, le dijimos que se fuera. Trabajaba en Cliba
y ni plata para comer le daba a la familia, pero no se quería ir. Un día que la
abuela llegó con el ojo en compota salimos todas para allá”, se acuerda Mabel.
“Como era domingo, no había muchas, pero fui con la Vicky que es brava, porque
ella también tenía una situación personal jodida. El estaba ahí, un enano
cargoso y malvado. Cuando llegamos se quiso escapar, pero la señora le puso el
candado. Ya habíamos hecho todo, hasta había un expediente en Tribunales, pero
la Justicia no se da cuenta de que el tiempo pasa y la vida corre peligro. La
cuestión es que le empezamos a hablar y se trepó por una ventana al techo. Lo
agarré del pie y se me escapó, desde arriba nos tiraba con cascotes, con fierros,
con todo eso que hay en los techos de la villa para sostener las chapas. Al
final se bajó y se largó a correr por un pasillo. Y ahí nos enfurecimos, lo
entramos a correr con un palo por el barro. ¡Y yo que tenía zapatillas blancas y
no me las quería ensuciar” No es que Mabel o Vicky tengan como objetivo andar
pegándoles a los hombres, sucede que muchas veces no encuentran otro camino.
Como esta vez. “La Vicky lo corría por Cobo y yo por los pasillos, cuando lo
agarramos le dimos para que sepa lo que es”, cuenta Mabel. “Lo peor –completa
Vicky- es que yo le estaba dando y pasó un patrullero, el tipo empezó a gritar
que yo estaba loca y yo a decir que era mi marido y me había pegado. Pero le
creyeron a él y me llevaron detenida, el tipo me saludaba mientras yo me iba en
la patrulla. Es que los policías son tipos también, y parece que les pesan los
huevos para reconocer que son violentos”. Al otro día, ese hombre tenía que
presentarse en el Tribunal de Familia y Mabel y Vicky asistieron
espontáneamente. El hombre llevaba en la cara las cicatrices del día anterior.
Ellas hablaron con el juez y le explicaron. Y el juez, esta vez, estuvo de su
lado. Fue una vergüenza para el hombre jurar y rejurar que las mujeres le habían
pegado y no encontrar más eco que la incredulidad. “La cuestión es que al otro
día el tipo depositó la mensualidad para que su mujer la cobre y no volvió más
por la casa. Y la plata la tiene que seguir poniendo porque él tiene trabajo y
los siete hijos también son suyos”.
Vicky se hizo por años la misma pregunta: “Por qué soy capaz de sacar a otro de
los pelos y a él le tengo tanto terror?” Es que ha llegado a hacerse pis encima
de sólo saber que cruzaba la puerta. Es una mujer de 32 años y tres hijos que
aprendió hace poco el oficio de cirujeo, que se crió en hogares y que anota en
los hechos de su vida el haber conocido a Pinky y a Enrique Olivera, -cuando era
subjefe de Gobierno de la ciudad- en un refugio de mujeres golpeadas. “cómo
comimos ese día! Lo pienso ahora y se me hace agua la boca.” Pasó seis meses en
ese lugar que ni imaginaba que existía. Su primer marido le pegaba, el segundo
también, “porque si no hacés terapia, seguís eligiendo mal”. Las compañeras de
Vicky no lograron sacar a su marido de la casa y en el juzgado no se dictó la
exclusión del hogar “porque decían que eso no era una vivienda y que entonces no
se podía hacer la orden judicial. Es duro vivir en la villa”. Entonces la
llevaron a ella al refugio en el que pasó seis meses. Cuando salió, su marido le
había vendido la casilla. La ubicaron en un hotel, pero ahí no tenía lo que más
valora: la solidaridad del barrio. “Casi nos morimos mis tres chicos y yo,
porque teníamos que comer de la basura y nos intoxicamos con sánguches de miga.
Cuarenta grados de fiebre tuvimos. Ahora alquilo una cama en la casa de mi
cuñada y el tipo anda por ahí, me lo cruzo todo el tiempo, hace dos días me puso
el arma en la cabeza y me dijo que se me veía con un novio, me mataba.” Por eso
ella siente que perdió. A pesar de que hubo un proceso judicial, “a mi sola me
joden. Yo soy la que tengo que hacer tratamiento psíquico, mis hijos están bajo
juez. Tuve que hacer un escándalo en Tribunales para que dieran la orden de que
no se me acerque. ¡Y qué, se me acerca igual! ¿Quién lo va a sacar, la policía?
La parte legal es una porquería, si en Navidad fui a buscar a una amiga del
refugio que vivía en Constitución porque le había prometido que iba a ser la
madrina de mi hijo. Toqué el timbre y pedí por Norma, ahí nomás salió la madre
llorando. El marido la había matado a ella y al hijito. En abril le había puesto
el arma en la cabeza, en junio salió del refugio y en diciembre la mató. Si
hasta tenía visitas, el tipo, para ver al hijo” Vicky tiene en los brazos un
bebé que adora, el único que no está bajo la tutela de un juez. Después de ese
niño perdió otro que, igual no quería tener, “pero a los dos días de que naciera
mi nene me obligó a tener sexo”. Se creen que eso los hace hombres, yo tenía que
estar preñada, eso era lo que quería. Y claro, con veinte hijos, ¿a donde vas a
ir?”.
Cinthya se separó estando enamorada y con cuatro hijos. Lo hizo porque después
de mucho tiempo de cocinar junto a sus compañeras, después de haberlas escuchado
durante años en cada reunión de los miércoles, se decidió a hablar. Ella pensaba
que lo que tenía eran discusiones comunes, propias de quienes comparten la vida
y el trabajo. El marido no le levantaba la mano y entonces ella no identificaba
ningún problema que no se pudiera resolver en privado. Cinthya atendía el
teléfono en el comedor, recibía las derivaciones de la salita -el centro de
salud N° 20- que les pasaba los casos de otras mujeres golpeadas y hasta asistía
a reuniones mensuales en las que se analizaba cómo mejorar el trabajo en red
entre el hospital, la escuela, la iglesia, el jardín de infantes y el comedor.
Pero algo de lo que escuchaba funcionaba como un eco en su memoria cuando
llegaba a casa. Su marido ya no trabajaba, estaba desocupado. Ella conseguía de
vez en cuando algunas horas en casas de familia, lo mismo que hacen ahora la
mayoría de las compañeras del comedor. Y tenía sus estrategias. Como sabía
tejer, un día se puso a hacer gorritos de lana. Se vendieron y compró más lana.
Cuando estaba embarazada de su tercera hija, se encontró cargando bolsas
inmensas cargadas de gorros para llevarlas a bordar y nadie que la ayudara.
Volvía a casa y los chicos no había comido, todo estaba revuelto. ¿El marido?
Tirado en la cama, deprimido. “El ejercía violencia psíquica y verbal. Me
insultaba porque no hacía bien las cosas de la casa. Si yo le recriminaba algo,
se irritaba, gritaba.” Se decidió a hablar en ese grupo, en el que aprendió
términos y conceptos para definir lo que la lastimaba cuando nació su cuarto
hijo. Fue a parir sola y cuando le dieron el alta en el hospital sólo estaba
para acompañarla el mayor de sus muchachitos. Entonces ya no le importó nada, en
la siguiente reunión habló como si escupiera un cuerpo extraño que llevaba
enquistado. Y se separó. Como todas, ella preferiría no tener que llegar nunca a
los golpes con esos hombres acostumbrados a golpear en el lado más débil.
Preferiría que entendieran de qué se trata, que pudieran hablar también ellos y
reconocer cuánto les han pegado también. “Porque los hombres golpeadores la
mayoría de las veces también fueron golpeados. O vieron cómo les pegaban a sus
madres.” Pero las cosas son como son, y se contenta con los pocos casos en los
que las palabras funcionaban como límite.
“Las amazonas” es una definición que las hace reír. De las treinta mujeres que
iniciaron la olla popular en 1989 quedan diez trabajando activamente, pero ahora
hacen mucho más que poner en común la comida. Y estas estrategias que inventaron
para protegerse ellas mismas o a las vecinas son una noticia que se escapa de
los labios y anda de boca en boca. Más de una vez las han llamado de otros
barrios para que intervengan, incluso de la provincia de Buenos Aires, porque el
amigo de una amiga dijo tal cosa. Pero ¿Cómo ir cuando casi nunca alcanza para
el boleto? Lo más lejos que llegaron fue a Pompeya, donde organizaron un
escrache en las puertas de un club para denunciar a un peluquero que no pagaba
alimentos a su señora. Era un hombre que hasta salía en las revistas, dicen, un
hombre de clase media. Ellas saben también como cualquiera que de lo que hablan
no es patrimonio de la villa. En la villa, en todo caso, todo está expuesto. El
extremo es el borde por el que se acostumbra a caminar: estas mujeres
aprendieron a golpear las puertas de los juzgados para saltearse a la policía
que las maltrata. Si aprendieron a dar unos golpes a los hombres cuando son los
Tribunales los que les esquivan la mirada, caminar juntas y eso las hizo
fuertes.
En situaciones de desafiliación, desconfirmación y desexistencia crecientes a
los que está expuesta gran parte de la población de América Latina, las redes
pueden estar al servicio de develar esos procesos de deshumanización, (ya sea
por violencia social o familiar) de libertad vaciada, de apatía, conformismo y
aislamiento de individualismo que nos segrega de la posibilidad de participar en
la construcción de una historia personal y colectiva.
Violencia e implicación del psicoanalista
(Ejemplo mujeres CGP. M.M. “cuidadores de plaza”, dejan trabajo, estafa,
manifestación.).
Dado que la violencia social atenta contra las apoyaturas intersubjetivas,
intrapsíquicas y contextuales, sus efectos la han alcanzado al conjunto social y
a sus instituciones y es difícil suponer que nuestro campo profesional pudiera
haber quedado fuera de esta demarcación. Los psicoanalistas también formamos
parte de la cultura del miedo tan frecuente en estas latitudes.
Es de notar que cuanto más negado es el trauma social, el miedo, más se
dogmatiza y también se fragmenta, disocia o estalla el conjunto, nuestro campo
profesional. Es así que a menudo en el campo teórico epistemológico se puede
generar la ilusión de la “neutralidad ideológica” de los conceptos.
Muchas veces los psicoanalistas por efecto de este traumatismo acumulativo,
dejamos de lado lo transubjetivo y nos refugiamos en teorías que excluyen los
efectos permanentes y estructurantes en el psiquismo del contexto social y
violencias sociales.
Podemos defensivamente pensar que los afectados son los otros, no nosotros, no
nuestro cuerpo teórico.
Y son todavía muchas voces las que siguen proclamando que como terapeutas no
tenemos ninguna posibilidad de transformación de esta realidad social que
vivimos hoy.
La supervivencia
Sobrevivir es sobrevivir a la amenaza de otro. Es resistencia a la
destructividad. Señala R. Kaes que para sobrevivir es necesario restablecer la
polifonía y la pluri-referencialidad.
Lo que urge es restablecer con y en el conjunto lo que fue dispersado, estallado
y fragmentado en el sujeto, en sus vínculos.
Se trata desde un nuevo lugar –el de sobreviviente- de renovar el contrato
social con los otros. Esta nueva práctica se produce por y en los vínculos, y
redes familiares y sociales. . Se trata entonces desde nuestro quehacer
terapéutico construir una sociedad que apunte a la humanización de cada uno y
del conjunto., no siendo actores espantados de lo que sucede sino actores de
transformación.
Bibliografía
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AAPPG, XXII 2, 1999, Bs. As.
- Garcia Reinoso, G. Del narcisismo constituyente a la trampa mortal, Congreso
de Psicología, Bs. As., 1992.
- Kaes, R., Polifonía y trabajo de la intersubjetividad en la elaboración de la
experiencia traumática, en conferencia AAPPG, Bs. As., 2002.
- Kaes, R., Polyphonie et travail de l´intersubjetivité dans l´élaboration de
l´experience traumatique”. Conferencia AAPPG, Bs. As., abril 2002.
- Pelento, M, Conferencia en Jornada Catástrofes Sociales, Bs. As., 2002.
- Puget, J., Representaciones sociales, consagración de marcas, Rev. AAPPG, XXII,
1, Bs. As., 1999.
- Puget, J, Jornada clínica psicoanalítica de las catástrofes sociales, 2000.
- Sluzki, C, La red social frontera de la práctica sistemática, Ed. Gedisa,
Madrid, 1996.
- Viñar,M., Pedro o la demolición, Congreso APA, Bs. As., 1987.
Nota
La Lic. Elina Aguiar es Psicóloga Clínica. Miembro Titular de la AAPPG
(Asociación Argentina de psicología y psicoterapia de grupo) y de la APBA
(Asociación de psicólogos de Bs. As.)
Supervisora clínica de Parejas del Centro Asistencial de la AAPPG y de pasantías
del Instituto de la AAPPG.
Coordinadora de Salud Mental de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos – Bs. As.-Argentina.
Miembro Mesa Directiva de la APDH
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